viernes, 17 de julio de 2009





















Ansiamos descendencia de los más bellos seres

para que nunca muera la rosa de lo hermoso.

Así, cuando marchite su madurez el tiempo,

su heredero más joven lo guarde en la memoria.

Mas tú, comprometido con tus ojos brillantes,

nutriste con tu esencia la llama de tu luz,

trayendo el hambre donde yacía la abundancia,

tú mismo tu enemigo, muy cruel con tu dulzura.

Tú, que eres hoy el fresco adorno de este mundo

y de la primavera radiante único heraldo,

sepultas en tu propio capullo tu poder,

y, tierna mezquindad, derrochas en ahorros.

Apiádate del mundo o sé todo insaciable,

y devoren el mundo la sepultura y tú.

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